martes, 8 de diciembre de 2009





Eran ya las siete de la noche, él prometió pasar por mial departamento, todo indicaba
que esa noche no sería más especial que
cualquier otra, sería completamente normal.
Al fin pudimos salir un poco de la vieja y,
en ocasiones, cansada rutina de trabajo.

Llegamos al lugar dónde cenariamos, un
lugar tranquilo, lleno de paz y con un aire
de romanticismo que te llenaba los pulmones
de felicidad.
la cena fué deliciosa, él como
siempre se portó muy atento y cariñoso
conmigo; sus ojos me decian que estaba feliz,
yo también lo estaba, estar con él me
devuelve la felicidad que a veces no siento
y la luz que en ocasiones no logro ver.

Nunca recorde que paso despues,
ya que yo no soñe este sueño.





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